“Barbie” El sobrenombre no era por cabeza hueca pues la muchacha era una aspiradora de libros. El conocimiento solo alimenta el intelecto y la chica necesitaba un poco de relleno en varios lugares estratégicos con urgencia. Espigada, de cabeza diminuta, sus extremidades largas, y de torso acortado. Mirada de serpiente, sanguijuela que en lugar de chupar sangre, succiona sexo con gula. La ausencia de carnes no me atemoriza, pero su promiscuidad me congela las ganas de poseerla. Tuve varios sueños eróticos con esta muñeca en mis pesadillas. Estoy loco, sé que no puedo poseerla. Quizás me satisfaga la imaginación, meditaba Ken unos minutos antes de acostarse.
