La diferencia entre los que son felices y los que no lo son es una sola palabra: Autenticidad. Desde que nacemos estamos en bombardeo continuo de lo que otros quieren que seamos. Y a la verdad que muchos mueren sin saber quienes eran ni que deseaban ser en sus vidas.
El camino a la felicidad no existe. No hay ningún camino que te lleve a la felicidad. La alegría de vivir la llevas tú en tus adentros. No tienes que ir a buscar rutas o atajos hacia la felicidad. Eres único, con miles de talentos y defectos, pero todos juntos son los que te definen y te distinguen entre los demás. Si logras decodificar quién eres en realidad y qué te hace vibrar, estás frente a la puerta de la felicidad, ante tu espejo.
Aprendí a amarme como soy, no como otros pretenden que sea. Sé cuáles son mis miedos, mis fantasmas, quién realmente soy, con todos mis secretos y misterios. De la misma manera respeto los deseos y la filosofía de vida de los demás. No vivo huérfano en el mundo, comparto con las personas a las que amo con el corazón. Así que me presento y actúo como soy, desde la madrugada hasta el anochecer, sin mascaras las 24 horas.
Ser uno mismo, cuesta, puede ser que pierdas amigos y se alejen familiares. Pero quien acepta ser la sombra de otros y no deja que brille su esencia, solamente convivirá con hipócritas y traidores. El tiempo nos enseña que la verdad genera alegría, paz, tranquilidad y gozo. El que vive de mentira, despierta tarde o temprano de esa pesadilla con lamento y arrepentimiento de haber vivido a medias y sin sentido.
Vivo cada día hasta la saciedad. No pierdo el tiempo discutiendo con los demás, les enseño quien realmente soy y punto. Te darás cuenta, que cuando respiras autenticidad, estarán a tu lado los que te aman sin reservas. Me reitero, el camino a la felicidad no existe. Ser feliz es una decisión diaria que no podemos delegarle a nadie. Ni siquiera a los que dicen amarnos con locura o por los cuáles daríamos la vida si fuera necesario.

Pienso que vivimos momentos de felicidad, pero no todo el tiempo estamos felices…somos como una montana rusa.
Estamos en la misma onda Mari. Saludos!