Estoy frente a la muerte. La sensación es única. El viento azota mi rostro con fuerzas como si deseara arrancarme las pecas de mi inocencia. La altura nunca me genera temor. Sin embargo hoy las rodillas tiemblan demasiado. Mi madre no me perdonará este nuevo arrebato de locura. Él se lo buscó. No soy su hija, mucho menos su mujer.
Lo que hace mi mamá por ser feliz. Ella aún es joven y los hombres se le sobran. Pero lo prefiere a él, es como estar de nuevo con su adonis. Es guapo, pero mi padre respetaba a las mujeres. Este descarado se excita hasta con su propia sombra. Es un narcisista. Él jura que es irresistible desde que va al gimnasio de la ciudad.
El Zambeze y las cataratas Victoria se ven espectaculares desde acá arriba. Logro divisar el límite entre Zimbabue y Zambia. También lo veo a él. Ahora descansa allá abajo, en la espera del salto. Uff!, físicamente se parece a papá. Tanta similitud me golpea la culpabilidad. La brisa feroz hace crujir las ramas de la vegetación. A lo lejos, el mar me invita a entrar a sus orillas. Estoy a solo pulgadas de hacer la acrobacia. El mareo y malestar de los nervios juegan con mi paciencia. El sigue ahí recostado, sereno. A pesar de la distancia casi imagino su mirada altanera, arma efectiva en su campaña de seducción.
No sé porqué dejé que me convenciera. Ya no hay escapatoria. Él y todos nuestros amigos esperan. Respiro, inhalo y exhalo parte del aire que me congela las agallas. Cierro los ojos y brinco.
Los aplausos fueron al unísono. Él no juntó sus manos para nada, excepto cuando se las llevó a la cabeza al romperse la soga, y contemplar como mi cuerpo traspasaba con furia los brazos del vacío.

Muy interesante, me ha gustado mucho Mr. E.
Espero que te haya gustado mi amigo. Saludos