¡Los domingos a la iglesia! Las gigantescas puertas de caoba nos invitan al convite paradisiaco. Mis padres y hermanos nunca pisan la parroquia. En contraste, la transparente mantilla negra de la abuela y yo flotamos en rotundo silencio en la misa. Las paralelas filas de los banquillos de madera encerados desafían el brillo del altar decorado con piezas de oro.
Llega el día de la primera comunión. A pocos pasos de la catedral la taquicardia se apodera de mis desnutridos pectorales. Se arremolinan todos los pecados y tiemblan dentro de mí ante la cercanía al confesionario.
El cura mira con malicia como si oliera a distancia los perfumes de mi autosatisfacción. Entro a la cabina de Rayos X celestial y él escucha en silencio.
La penitencia fue contundente: no más juegos eróticos en mi cama. Así terminé siendo monaguillo y el sucesor de padre Toni en nuestra comunidad.

Es como tocar la flauta del “Pan” y no dejar que se queme en la puerta del horno, je, je, je… Sip yo sé lo que es estar… “Más-turbado”. Gracias Mr. E. Hermoso.
Usted si que aplica los poemas famosos con exactitud. Espero que no se te siga quemando el pan en la puerta del horno… Qué tremendo eres Luis, cuidate mucho.