Cuento: NO HABLES CON DESCONOCIDOS

Es la primera vez en mi vida que cojo pon con un desconocido. Soy miedoso. Pero el mal tiempo me obliga a dar este paso.  Él detiene el carro justamente a mi lado.

—Súbete, ¿a dónde te diriges?

—A la comunidad de Candelero a visitar a mi abuela Luz María Hernández.

—Entra, yo conozco a doña Luz, te llevo.

Penetro al vehículo en la parte de atrás ya que el asiento del pasajero estaba ocupado por un acordeón y otros efectos musicales. Él tiene el radio en una emisora de música clásica a un volumen exagerado.

—Ponte a gusto, enseguida que lleguemos te aviso  —dice mientras baja el volumen del radio.

Miro hacia al frente y me percato que es un hombre de aproximadamente cuarenta años, pálido y muy acicalado. No puedo distinguir sus ojos pues están cubiertos con unas gafas de cristales muy oscuros.

Pasan diez minutos y parece que no solo se paraliza el tiempo sino mi respiración. Empiezo a evaluar el riesgo de coger pon con un extraño. ¿Conoce realmente a mi abuela? ¿O solo fue una excusa para que me montara? El estómago comienza a chillar como nunca, me palpita más que el corazón. Las piernas chocan a destiempo. El sudor se sale de su cauce sobre las axilas. Tengo la camisa pegada a mis pectorales como si me hubiese tirado al río sin quitarme la ropa. Estoy dispuesto a saltar del coche tan pronto desacelere o se detenga. Un segundo antes de tomar la decisión de brincar al vacío él detiene el carro con brusquedad.

—Llegamos amigo, salúdame  a tu abuela, dile que te trajo Fermín.

Se despide quitándose las gafas y dejando al descubierto sus ojos huérfanos de pupilas. No puedo contener mi asombro y le pregunto de inmediato:

—¿Usted tiene algún problema de la vista?

—Bueno joven, me estoy quedando ciego hace diez años, con una enfermedad rara en la retina que es hereditaria. Pero nací y crecí aquí,  en fin conozco las rutas y las paradas más visitadas en Yabucoa y todos sus alrededores.

—Pero, ¿como usted llega a los sitios, ciego?

__El ojo izquierdo aún tiene visión, casi de un veinte por ciento. Con eso y un poquito de fe llego a los lugares que deseo. Exclusivamente salgo cuando me llaman por teléfono uno de mis tres hermanos mayores para que vaya afinar el piano. Estuve afinando pianos durante veinte años, y no se necesita ver para afinar un piano. El oído es el que no puedo perder. La música me lleva a los sitios sin perderme. No sé cómo explicarlo, es como si viera el camino clarito. Un ángel guardián me guía para que pueda afinarles los pianos a mis tres hermanos. Somos una familia de músicos.

—¿Pero por qué ellos no vienen a buscarlo a su casa y lo llevan para que no ponga su vida en peligro?

— No hay más opción, esta enfermedad la heredamos de nuestro abuelo y todos se han quedado completamente ciegos, ellos desde jóvenes y yo después de viejo. Dentro de unos meses quedaré en tinieblas y les haré compañía en la oscuridad. Agradecido que Dios nos haya dejado la música como nuestro lazarillo. Joven, me despido pues mi vecina me invito a almorzar, estoy retrasado y el tiempo al parecer no va a mejorar.

—Gracias Don Fermín por el aventón, le daré sus saludos a mi abuela Luz.

—Nos vemos mi niño y gracias por confiar en un desconocido.

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About edwincolonpagan

Autor del libro "Mi Peor Enemigo Soy Yo". Pintor, cuentista, planificador profesional, profesor universitario y motivador. 101% Puertorriqueño.
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2 Responses to Cuento: NO HABLES CON DESCONOCIDOS

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