Raúl:
Si me quieres abandonar después de tantos años de matrimonio no hay problema. La puerta e
stá cerrada y puse candado. De poder salir, recuerda que estamos en el penthouse del veinteavo piso y dañé la puerta del único ascensor que funcionaba. Las puertas de salida que dan acceso a las escaleras, las clausuré. Todas las ventanas del apartamento están selladas. La única es la ventana del baño que nunca la reparaste por vago y tacaño. De intentar escapar como el hombre araña, te advierto que es muy riesgoso. Si pierdes el balance y caes, me informó el mismísimo Diablo que no hay vacantes en el infierno.
La última vacante la ocupé yo luego de tomar esta decisión extrema de envenenarnos. Contigo reduje la dosis para que no me descubrieras al compartir la tradicional merienda de leche con galletitas Oreo en la noche. También para hacerte sufrir lentamente por tu decisión de traicionarme.
No estoy dormida. Cuando leas esta carta estaré muerta y tú, me imagino con los primeros retortijones del veneno que ingeriste. Esta vez la imaginación de escritor no te salvará. Y estarás maldiciéndome por ser tan ordinaria de seleccionar el trillado veneno para asesinarte, como a cualquier hombre común. El desquitarse con un tipo de tu calaña es difícil, pero como siempre presumes, el creativo eres tú querido.
Isabel, siempre te amaré.
