Te deje leerme. Que me pusieras las manos una y otra vez. Que con tus dedos mojados de saliva separaras mis páginas pegadas por el tiempo. Pero echaste a perder la lectura. Marcaste con tus miedos varios capítulos en los márgenes superiores de mí ser. Fuiste capaz de manchar con alcohol el prefacio del encuentro y en el epílogo arrancaste salvajemente algunas hojas de mi novela.
¿De qué me sirvió ser virgen para ti? Me abandonas en el mismo baúl del que me sacaste, sin índice, incompleta con una nota en rojo: BORRADOR – NECESITA REVISIÓN, firma, Anónimo.

Excelente analogía, cuando un libro cobra vida, cuando un lector maltrata. Páginas, vidas, maltrato, abuso, soledad y abandono. Todo el tema en unas pocas líneas.
Gracias amiga escritora, siempre te agradeceré tu gran apoyo.