Buscando en el libro de Economía encontré una nota perturbadora: “Profe, me muero por usted. Esa mezcla de seriedad y lujuria maquillada me fascina. Me juego todo por estar en la cama con sus canas pintadas”.
Me emocioné, me hizo el día. A mi edad es un halago inverosímil. Pienso que es ella, la pelirroja que no me quita los ojos de encima. La de los escotes provocativos y ojos de vampira.
Ahí está ella, en primera fila con el coqueteo habitual. Salen todos, se despiden y por último se levanta Marcos.
— Profe, yo fui el de la nota.
