Llegó al hospital a la sala de emergencia por sus propios pies. Mientras ella en la sala de espera escondía los moretones con la bufanda. Las heridas lo vestían de rojo por las extremidades, torso y cabeza. Lo atendieron y pasaron de prisa al quirófano. La caída fue dura desde el quinto piso de su apartamento. La huída por la ventana no fue una decisión acertada.
—¡El paciente necesita una tercera transfusión, se nos va! —exclamó desesperado el cirujano.
Alex no necesitaba sangre adicional, sino el perdón de su esposa. Carmen, pensativa, jugaba con el cuchillo en su cartera.
