El escritor estuvo poseído por la protagonista de su novela por meses, al punto de ser infiel a su esposa. Pensar que se moría porque lo besara y poseerla. Pero tan pronto lo consiguió, despertó del hechizo, desapareció la obsesión y murió prematuramente la pasión. Terminó triturando cada página del borrador de la pieza literaria y jamás volvió a practicar el adulterio imaginario. También abandonó las letras por completo.
El novelista retirado lleva años buscando un fármaco o tratamiento que le devuelva su virilidad.
