Le penetré la rodilla izquierda con un clavo, luego le torcí los dos brazos, le saqué la mitad del cabello quemando su cabeza con una vela. Y finalmente lo lancé al río. El muñeco de Paco con varias agujas en su cuerpo flotó corriente abajo hasta hundirse en el océano. Me sentía menos lastimada después de masacrarlo. Así terminan los bastardos cuando se atreven a burlarse de una bruja. Supo aprovecharse de mí este mozo, pagaba sus cuentas con mis ganancias generadas de la lectura del Tarot.
¡Mierda, por ahí va el Paco cogiendo de estúpida a otra vieja bruja!

Tal vez tenía el disco duro lleno!