“Yo no quiero carne ni de aquí, ni de aquí, sólo de aquí”: así yo le decía a Beatriz mientras la hincaba con el tenedor y el cuchillo, subiendo desde los dedos hasta el codo de su brazo, igual que jugábamos cuando niñas, pero con coraje en esta ocasión. El mantel blanco de la mesa se salpicaba con su sangre mientras la torturaba.
¡Uf!, gracias a Dios que era la pesadilla repetitiva que me asfixia cada vez que mi hermana gemela me engaña con mi marido haciéndose pasar por mí.
Imagen : Pintura de Edgar Noé Mendoza Mancillas (Durango México)

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¡Olé y olé!
Genial, macabro, pero bello.
Eres fantástico, Edwin.
Mi abrazo.
Un fuerte abrazo amigo mio. 🙂
¡Salud!
Muy tragico pero que denota enfado en la engañada.
Aunque en sueños.
Saludos.
Así es amigos, calma su coraje en sus pesadillas… qué gemelitas! Abrazos
Se salvo el marido de toda culpa de emgaño!
Muy Bueno
Impactante…!!!
🙂 !!!