Siempre quise ser el semáforo de tu destino. ¡Qué error! Dejaste mi vida sin luz… ni color. Permanezco colgado entre postes de hormigón en la espera que me sustituyan por un modelo nuevo que no sea defectuoso.
El plan gubernamental de reciclaje utiliza los semáforos estropeados para hacer piezas en una fábrica de marcapasos. De seguro que pronto necesitarás uno, pues tu corazón funciona muy por debajo del mínimo requerido. Y sabes, me llenaría de satisfacción si pudiera sellar la herida que te lastima y sanar de una vez tu fobia al amor.

Muy real.
Gracias amigo.
Abrazos!
🙂 Un fuerte abrazo!!!
Precioso y tan real…
como la vida misma.
Gracias.
Saludos