Cuando tengas problemas con tus seres amados, no los intimides para demostrar tu poder. Si las personas que amamos se sienten obligadas a jugar el rol o lugar que le hemos asignado en nuestras vidas, al final sucederá lo inevitable: huirá en busca de su libertad, de su felicidad. Las relaciones interpersonales con las personas que adoramos se definen con el amor y respeto que le tenemos, no con mentiras o sumisión.
Ningún extremo es bueno, o rompes el hilo mágico de la paciencia que los une, o lo debilitarás de tanto estirar su dignidad. Ambas, la tolerancia y la dignidad del ser humano son infalibles, pero una vez las golpeas, el daño es irreversible. Una fractura en la estima propia no es operable.
No tenemos la capacidad ni las destrezas para engañar a los demás, ni siquiera podemos engañarnos a nosotros mismos. Así que si amas a alguien, no eches sal o ácido en la herida, pues siempre habrá otra persona en nuestro destino que sabrá limpiar y sanarla con el beso refrescante de un nuevo mañana.
Anda, aún tienes tiempo. Detente, apréndete a querer para que no pierdas para siempre a la persona que amas.

Muy cierto lo que dices. Un abrazo.
Gracias amiga, pasaba por aquí y ví los comentarios perdidos!! 🙂
¡Tus palabras están cargadas de verdad!
Gracias Álvar por tu lindo comentario!
Oooh! Qué lindo y esperanzador mensaje, cargas tus palabras con energía positiva! Gracias maestro! 🙂
Gracias a ti querida Cristina. Abrazos!
Una realidad que tan solo unos pocos privilegiados son capaces de ver y transmitir… me encantó! Abrazo
Gracias amiga, Besos y abrazos desde el Caribe!
Siempre gracias a ti,por escribir, haces magia con las palabras… Besos y abrazos para ti y toda la familia.
🙂