Natalia era una niña con una imaginación única. Ella, por su talento sobrenatural en crear fantasías, mentía con facilidad. Nunca la descubrían en sus falsedades. Fue la reina de la mentira en el colegio, hasta que Natalia conoció a Pinocho. Él la enamoró con sus embustes magistrales. Ella se excitaba con la asombrosa capacidad de este niño para mentir, en especial, cuando la nariz no dejaba de crecer y la seducía hasta gemir de tanta felicidad.

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Edwid ojala que nuestra nariz creciera cuando se miente, estaría muy bien. Suele pasar esto cuanto se miente, que se lo creen lo que dicen. Pinocho me gusta. Un gran abrazo
Si la nariz creciera al mentir, habría mucho humano con cara de oso hormiguero….
Saludos
Sabia que esa nariz no estaba por estar.
Muy Bueno!
Abrazos!
Buenos días Edwin:
Feliz viernes, que bonito cuento narizudo!!
la verdad, que estaría muy bien que nos creciera la nariz cada vez que mentimos, llevaríamos más cuidado, sobretodo cuando mentimos sobre alguien y tocamos su honor.
Un besazo corazón
Otro besote querida Carmen y cuidado con los pinochos y pinochas (jajaja). Un abrazo bien grande como dice mi nieta de seis años.
Hasta las maravillosas niñas como Natalia pueden perder la cabeza ante mentiras tan atroces…, si estuviera ahora en este país y oyera las noticias, los debates y esas cosas…, no podría asimilar todo. Me gusto mucho tu cuento.
Un abrazo querida amiga, qué muchas niñas y niños son engatuzasos por adultos, jóvenes y hasta por familiares. Lindo viernes amiga!!!
:)))
Picante, picante. Al final todo tiene su razón de ser…
La ironía preside este relato ¿quizá como dice Javier, picante, picante?
Un abrazo.
Y esa niña lista lo haría mentir todos los días, hahahaha. ¡Muy bueno!