Steven insistía en sembrar las semillas de sus nuevos amores en las cenizas de su primer y viejo amor. Jamás daban frutos. Y como las ovejas antes de dormir, brincaban la verja de la pasión. Desaparecían. Una noche, liberado, barrió todas las cenizas de su jardín y pasó manguera a presión. Al cabo de unos meses, una de las semillas malogradas, retoñó.
Imagen sacada de la internet – http://gestaltestrategias.blogspot.com/

Me alegro por Steven. ¡Felices fiestas Edwin!
Las cenizas no son un buen abono. Steven se transformó en un jardinero más eficiente.
¡Feliz nuevo próximo año a estrenar, querida amigo!