Para compartir este micro con los amigos de mi blog. Les pido excusas ya que llevo más de un mes muy atareado con mis labores y responsabilidades como professor universitario y no tengo tiempo ni para respirar…
Sigue ahí sentado con los ojos cerrados y recostado del cristal de la ventana. Lleva más de cuatro horas. ¿Meditando, durmiendo? Al parecer llevamos el mismo destino. Es de mi edad y estatura, aunque más guapo que yo cuando está dormido. La gente entra y sale del tren sin percatarse de su presencia. No se mueve ni respira. Por fin, se acerca un empleado uniformado y descubre que el pasajero está muerto. Gracias a Dios ya puedo abandonar la cabina, mi cuerpo es sacado del tren pasadas seis horas del infarto masivo.
