Esposa mía, en el ayer sufriste, hoy 13 de abril del 2016, saboreas la muerte.
Detente. Chispa incolora. Polos opuestos, Sed alucinante, derrite la energía del amor perfecto.
Pierde el amperaje el conductor de la compasión. Cables eróticos lamen el voltaje carente de pasión.
Disminuye la intensidad en tus brazos, sorbo a sorbo, paso a paso. El silencio se desnuda frente a miles de filamentos y neuronas confundidas.
Lloras. Sonríes. Olvidas.
Eres carne huérfana de sudor y savia. Fruta libidinosa que en las paredes de la cotidianidad descansa.
Lastima. Mengua la atracción. Desconecta las caricias del pasado, mi baja estima.
Se apaga la luz. Extingues la imaginación. Falla la química de la curiosidad. Divago congelado.
Ayuna el sexo. Solitario, masturbo mis recuerdos y secretos a tu lado.
Me condena un amor intermitente, platónico, desconsolado. Busco al creador enfurecido. Corto circuito que al llanto insatisfecho envejece. Se agota la esperanza oxidada. Enloquece.
Aborrezco a tu nuevo enamorado, abominable monstruo de las nieves, peregrino, hidalgo errante.
¡Alzheimer, maldito caballero andante!
Entre cascadas de culpa clandestina, secuestras a mi amada, blasfemo escupes mis heridas.
Conviertes mis besos en gigantes de molinos de ausencias, de remordimientos.
Pido perdón a la insondable soledad irreverente. Me hundo. Respiro.
Floto. Retumbo zigzagueando en la locura.
El Quijote es eco, mi redentor.
Las letras, mi fortuna.
Amén

