El proceso de crear algo puede ser más sencillo de lo que parece. Empieza con el deseo o la necesidad de expresar nuestros sentimientos a través de un medio artístico, sea de artes plásticas, música o literatura.
En lo que a mí respecta tengo un poco de facilidad para narrar y pintar. No me pregunten cuándo empecé a escribir poemas, cuentos, ensayos, o hacer dibujos y pintar. Creo que desde que aprendí a manejar el lápiz en la primaria no he dejado de expresar mis ideas a través de las letras y los colores. Sin embargo, nunca me visualicé ni como pintor o escritor para ganarme la vida. Sabemos que en estos días son pocos los que pueden depender económicamente de sus talentos artísticos. Pero como pasatiempos éstos me ayudan a drenar las miserias o tragedias y a encapsular las alegrías cuando quiero homenajear a alguien que amo o respeto, sea un familiar o algún amigo íntimo.
Una vez quise hacer algo especial por un amigo en reciprocidad a su apoyo en la edición de mi primera novela. Le expresé que me gustaría pintar algo para él. Cabe mencionar, que solamente pinto para mi familia y mis grandes amigos. Les aseguro que si alguien tiene una pintura de mi autoría es porque realmente es o fue especial para mí.
Le advertí también que solo era un pintor de nacimiento, pero que soy bueno con los pinceles. Me expresó que él siempre había deseado que alguien le pintara la panadería en que trabajó hace más de veinte años junto a sus tres hermanos y sus padres: la famosa Panadería La Rosario. Sus papás eran gente sencilla, noble, trabajadores incansables como panaderos en España.
Por tal motivo, el amigo Ramón Abajo me envió dos fotos: una de la vieja panadería y la segunda del puente de Brooklyn. ¿Por qué el puente de la ciudad de Nueva York? En aquel momento, cuando su hijo de tres años nació, él quería que conociera de su herencia de panadero y que lo criaría en una de las grandes ciudades de los Estados Unidos.
Pasado, presente y futuro sobrepuestos fueron el pie forzado para crear la pintura, y que el primogénito amara sus raíces y agradeciera a la fortuna que nació en una ciudad espectacular y moderna donde su padre vive con mucho éxito.
Pinté la panadería como si fuese nueva acentuando en el centro el triciclo utilizado para distribuir el pan. Al final, inserté el famoso puente como si fuese una ventana desde el pasado presagiando el futuro de su hijo en los Estados Unidos. También, en distintos lugares estratégicos del cuadro pincelé los nombres de sus padres, hermanos, hijo y su esposa Laura, esperando a ser descubiertos por quien los observe con detenimiento en el camuflaje. Los nombres solamente pueden ser identificados en el lienzo original que mide 24 x 36 pulgadas .
Sus padres fallecieron en el transcurso de un año y medio después de finalizar esta pintura. Ahora además que permanecen vivos en el recuerdo de su corazón, también se encuentran entre los colores y matices de la obra para que así él y sus seres queridos lo disfruten por siempre.


