Siempre tengo la puta razón. No empieces con tus lágrimas. Haz caso a tu madre, solamente yo te puedo aguantar. Eres tan estúpida, lo que te sobra de belleza de falta de inteligencia. Da gracias a Dios acepté casarme después de tantos años de soltería y ahora tengo la madurez para entender a mujeres como tú. Ojalá no me aburra, quizás el tamaño de tus senos me mantenga unos meses con ilusión y piense que por fin encontré la pareja perfecta. Te advierto no trates de manipularme porque te espera un infierno.
No me reproches, nunca te mentí, te enseñé coño cómo soy desde el principio. Te advertí que odio la humanidad sin excepciones. Soy así y punto. ¿Qué soy un egoísta? Corta ese gesto tan desagradable. Te delata tu mirada acusadora. Me jode que insistas en culparme de tus errores, careces de cojones para abandonarme. Al final, gano y tú clamas por el perdón con desesperación.
Calma mi amor, no es malhumor, eres tú que me llenas de ira la cabeza. ¿Qué por qué soy promiscuo, infiel? Mujer, confórmate pues soy demasiado para ti. Mi madre afirma que hay quejas también por mis borracheras, los juego de azar y el uso de drogas. Recuerda que son medicamentos por órdenes del psiquiatra, son legales. Y el alcohol y el casino es mi recompensa por soportarte.
Mejor te encargas de tu barriga y me dejas tranquilo. Agradece que trabajo como un animal y te mantengo. No entiendo tu testarudez en amargarte, si fuiste tú la que me engañó para quedar embarazada nuevamente.
