Mientras que en el mundo mortal se construyó un arca para salvar a los elegidos del diluvio, el mundo fantástico no corrió la misma suerte. Todo quedó como en el principio, solamente energía y luz. Cientos de polvos cósmicos danzaban entre los unicornios-padres. La imaginación comenzó a brillar más y más según iba aumentando el ritmo de las partículas multicolores, que bailaban ante el canto a capela del único coquí que sobrevivió a la inundación.
La imaginación dejó escapar decenas de hilos de luz de su minúsculo centro y al final de cada uno fueron reapareciendo hadas, duendes, unicornios, centauros, libélulas, sirenas, dragones y brujas buenas, caballos alados, árboles parlantes y magos.
Al guiñar uno de sus ojos luminosos se repoblaron los sueños con miles de seres fantásticos. La duda fue exilada del mundo onírico. Ella recibió asilo en el mundo real, luego que Dios aplacó su ira y le aprobó la entrada. Nunca regresó a su lugar de origen. Fue bien acogida por las mortales.
Cada vez que estés indeciso, deshojando margaritas, en cada pétalo escucharás el gemido de la duda creando el temor a los que jamás serán felices por acobardarse ante lo desconocido.
