La duda fue la última criatura imaginaria que logró entrada legal al mundo de los mortales por muchas lunas. Por su parte, el bosque encantado había renacido. El mundo mágico estaba completo aunque no perfecto. Todo en equilibrio. El peligro era la prohibición. Las criaturas imaginarias no podían cruzar al mundo real. Tampoco las reales tenían acceso al mundo de los sueños. Por quinientas lunas nuevas los mortales dejaron de soñar. Los narradores del mundo mortal solamente podían relatar exactamente lo que sucedía, sin metáforas y sin creatividad. Las historias monótonas, en blanco y negro se convirtieron en rutina, en ley. Solo había espacio para las memorias planas, cero poesías, cero cuentos fantásticos. La escultura, la pintura, la literatura y la música fueron reducidas a un simple eco de la realidad. El erotismo fue marcado como tabú y un delito grave en la expresión artística.
La imaginación solicitó audiencia con Dios para ver cómo se podía solucionar este vacío en las artes. Dios fue misericordioso y transó para que únicamente los artistas pudieran soñar. Así las musas no se afectarían. Y con un suspiro tenue se hizo la luz.
Las criaturas fantásticas eran libres de viajar entre ondas telepáticas y fertilizaban a las mentes de los artistas a través de los sueños y de la inspiración. Pasaron millones de noches sin lunas hasta que los descendientes del pueblo de Moisés volvieran a soñar.
El Creador de todo lo posible levantó por fin la prohibición y uno de los tesoros de la tierra prometida al pueblo elegido fue cumplido finalmente: tener la capacidad de soñar con libertad.

Saludos Mr. E.
Bueno, aquí le vamos, hermoso relato, desde la fantasía del “Genesis” has cruzado el “Mar Rojo” con tu cayado y rebaño… Te he mandado un mail con mis comentarios. Linda fantasía.
Luis