Para ser corrupto no hay que esperar robar fondos públicos y que se cristalice el acto delictivo. El simple hecho de engañar al electorado para que voten por ellos y después hacer lo que les plazca, es también un acto de corrupción.
Hay errores de los funcionarios gubernamentales que no se basan en maldad sino en ignorancia o falta del asesoramiento adecuado. Pero la mentira para llegar al poder presupone astucia y maldad premeditada, algo que sencillamente es lamentable. Basta ya de politiquería barata amigos legisladores, el caminar se demuestra andando. ¡Qué feo les quedó el primer tropezón del cuatrienio!
