Jorge vivía angustiado, descontento y amenazado por las finanzas, puso su vida al filo del abismo. Lo venció el sueño, y ocurrió lo inevitable: el carro fue a parar a la cuneta. Se volcó como se vuelcan tantos autos de tantas almas perdidas en la noche. Él, víctima o cómplice de sus amigos corruptos, tomó malas decisiones en su gobierno.
Ahora este animal desbocado, este coche enfurecido, en apariencia no le obedeció, pero en realidad no hizo sino cumplir las órdenes de un exalcalde enloquecido por no lograr la reelección.
