Lo fatigó hasta la muerte. Llegamos tarde a la persecución, el corazón aún latía cuando lo tomé entre mis brazos. El funeral fue deprimente, estaba desfigurado. Todos lloramos la partida de Charlie, excepto Marta. No pensamos que fuera tan celosa como para matarlo. Su estadía en el hogar no pasó de ocho meses. Le fallamos en protegerlo de ella. Nos confiamos demasiado. Aún puedo recordar su quijada colgando entre mis manos ensangrentadas.
Extrañaremos al cariñoso gatito Charlie, en especial, nuestro pequeño hijo. Nunca nos dimos cuenta que las heridas frecuentes del felino eran evidencia del bullying de nuestra querendona.

¡Pobre gatito! Casi lo estoy viendo con las dentelladas. ¡Maldito can!
Tengo dos gatos. Una gatita y un gato. La gatita es así de frágil, a pesar de que es adulta. Se me ha puesto leyendo la carne de gallina.
¡Muy buen micro!
Victoria, también tengo dos gatitos, la parejita y aunque me gustan los perros, prefiero los felinos no son tan dulzones como los gatos. Pero, sabía que al narrar esta historia a los papás adoptivos de gatos el micro les produciría estrés. Un abrazo