Coño, no hay remedio. Este majo lleva semanas sin dormir, ni siquiera una hora. Sus párpados permanecen separados. Estas membranas se rechazan como los polos opuestos de un imán. Joder, ha gastado tiempo y dinero visitando médicos, naturistas y nada de nada. Está probando los famosos pinchazos del acupunturista localizado justo en los altos de su oficina. El cabrón le ha metido agujas hasta en las partes privadas. Y aunque no siente los pinchazos, el ruido de la tarjeta de crédito le lastima los oídos, pues el plan médico no lo cubre.
El maldeamores nunca le había dado tan fuerte y su mujer ya está sospechando que anda de nuevo buscando flores para polinizar. Un viejo amigo le recomendó una medicina infalible; la mentalista Catanga, una negra con una par de cojones que dicen que para los pelos al leer el Tarot. Y no falla con sus remedios y hechizos.
Ramón ha vuelto a dormir aunque no de corrido. Se levanta tres veces en la madrugada a orinar con mucha prisa. Caramba, el amigo está maldito, ahora tiene problemas prostáticos por la pócima mágica que le recetó la bruja.
