—¿Sabes cuál es mi definición preferida del término ridículo?
—No, pero me gusta que me sorprendas con tus dotes de sabio, papi. Tus canas, arrugas y ojos cansados siempre me enloquecen —le dice mientras lo besa.
Él mira al techo de la sala y le riposta mientras la acaricia con ternura.
—Ridículo: Cuando me levanto por las mañanas y me doy cuenta que te triplico la edad. Peor, cuando te hago el amor y finges que todavía te excito.
