Los primos salieron a pescar debajo del puente. El frio de la madrugada hacía cosquillas a Juan en la nariz. Era la primera experiencia con peces, aunque Lola, su esposa era toda una piraña. La corriente de la quebrada era débil, sin posibilidades de que pudiese ahogarlo como se merece este desgraciado. Debía buscar una excusa para que aparentara un suicidio este día de pesca con su primo. Pasaron dos horas, pensó rajarle la cabeza con una roca por acostarse con su mujer en su propia cama. Al parecer, Juan no tiene las agallas para matarlo.
Por suerte, un cocodrilo hambriento madrugó sus intenciones.

Nueva forma de eutanasia, je, je, je