Lolo y Lola eran una pareja inseparable, unidos física y espiritualmente. Cada fibra de su ser se conectaba con la del otro. Siempre juntos, trenzados en su propio milagro sin la presencia de un Dios. Era algo mágico, maravilloso. Vivían abrazados hasta que Lolo la engañó. Lola pensó por un momento de arrebato en enroscársele en el cuello y ahorcarlo, pero desistió. Ahora su relación pende de un hilo, delicado e inquebrantable… el filamento del perdón.
Nota: Este microcuento se lo dedico con mucho respeto y admiración a mi amigo y profesor el escritor boricua Emilio del Carril, quien defendió en el día de ayer su proyecto de tesis doctoral exitosamente. Aunque cuestiones fuera de mi control no me permitieron compartir con él este maravilloso momento, le obsequio este micro como evidencia de lo mucho que me enseñó como mi profesor en varios talleres de cuentos en la Universidad del Sagrado Corazón. Gracias amigo, digo… DOCTOR. Este es mi pequeño homenaje para ti. ¡Abrazos y más abrazos!
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Por Emilio del Carril!
Un abrazo amigo!
Gracias querido Rubén. Espero que te encuentres bien. Me pusé un poco al día ayer en tu blog. Me fascinan tus entradas, siempre excelentes y muy tuyas!!! Abrazos amigo!!!
Por un momento de locura, lo podemos perder.
Así es amiga, como diría el doctor Emilio del Carril solamente se necesitan: Cinco minutos para ser infiel, jajaja (ese es el título de uno de sus libros de cuentos, excelente). Saludos y abrazos querida. 🙂
Qué detalle más bonito Edwin, como el cuento. Saludos
Que buenooooo!!!jajaja
Lola pensó por un momento de arrebato en enroscársele en el cuello y ahorcarlo, pero desistió. Ahora su relación pende de un hilo, delicado e inquebrantable… el filamento del perdón.
jajaja… ahí esta la esencia del cuentecillo! Un abrazo!
ahí estaba,cierto,jajaja,la fina linea de la soga
Un abrazo
Que gran homenaje al amigo…, felicidades a D. Emilio del Carril por tener amigos así y gracias a ti querido Edwin por la delicadeza de tus cuentos. Un abrazo.