Desde Saltoalreverso para todos mis amigos con cariño…
Mi naturaleza cambió. Me visitó una abeja que se relamió con la disponibilidad del nido. Me olió, me besó la frente como si de algo se compadeciera. Se saboreó las antenas con sus labios y depositó polen en mis mejillas. En semanas cientos de insectos alados fertilizaron el tronco aún sin pulir. Miles de bocas y extremidades diminutas trabajaron incansables, inyectando néctar en las cavidades, esculpiendo un torso repujado en celdillas paralelas, hexagonales con cera. El atiborrarme de miel y zumbidos las cortezas laceradas por la frustración de mi tallador, más que un allanamiento de morada fue un acto de solidaridad. A pesar de tanta algarabía y baile en este enjambre, no olvido aquella lágrima incrustada entre mis arrugas de astilla cuando él decidió abandonarme.
Hace nueve meses era una pieza de arte incompleta, un simple busto de madera sin acabar. Él me arrinconó en el cobertizo de la vieja…
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¡Pobre abandonado…!, ¿cómo va ese trabajo de fin de curso? Saludos.