Cristina se sorprendió cuando el mendigo la detuvo en el camino ofreciéndole una moneda.
—Mi amiga, gracias por tu limosna de la semana pasada, es falsa.
—¿Qué usted dice? —respondía mientras le trataba de mirar los ojos escondidos a través de sus gafas oscuras.
—Si mi niña, fuiste tú.
—¡Usted está equivocado, ciego!
—Sí, yo soy ciego. Pero el perfume de la mentira es inconfundible y el tuyo es el olor más fuerte de todos los que pasan por esta plaza.
Imagen sacada de la Internet, autor desconocido.

Los olores siempre dejan huella! Excelente cuento!. Gracias Edwin por compartirlo. Un abrazo. 🙂
Gracias querida amiga, un abrazo!
Excelente mensaje .
Un abrazo amigo!
Gracias querido amigos. Abrazos!!!
“El perfume de la mentira es inconfundible…” Es precioso Edwin, gracias.