El tenía una caja fuerte para todo. Para su testamento, el dinero en efectivo, las joyas, documentos importantes, fotos, medallas, música, archivos electrónicos, medicinas. Hasta para sus mentiras e infidelidades adquirió una caja de seguridad. La mansión de cinco niveles contaba con diez en total, dos por piso.
Excéntrico, divorciado tres veces, apenas cuarenta años, tres hijos. Cuando murió, dejó testada la herencia a sus hijos, ex esposas y ex amantes con los números secretos de sus diez cajas. Las cajas se abrieron una a una por cada heredero designado. Todas sin excepción estaban vacías.
