Javier, el titiritero enojado con su muñeco Tito el Llorón, lo sacó del baúl, lo recostó sobre la cama y lo regañó: “No existe ningún ser omnipotente que te prive de tu libertad, menos un mortal sobre la tierra que te maneje como una marioneta. Si estás triste, frustrado, traicionado, el único responsable eres tú. Desiste de culpar a los demás de tus decisiones. Así que deja de jugar a las marionetas, que el titiritero renunció”.
Javier se fue de la habitación. La marioneta se recostó de la almohada y se le escapó una lágrima. Esa fue la última vez que Tito lloró, jamás volvió a ser una marioneta de nadie. Él escondió en el baúl bajo llave las crucetas de madera y los hilos que antes lo controlaban.
Ya hace un año que Tito se desempeña exitosamente como ayudante del nuevo titiritero en el circo del pueblo, desde que Javier, su padre, lo abandonó.

🙂
Excelente jeje…
Saludos!!
🙂 Gracias amiga!
Que loco ,me gusto mucho.El titiritero siguió siendo el dueño….
Un Abrazo grande!!!
Loco como yo, jejeje… que rico que te gustó galán, un fuerte abrazo!!!