Me quemo, empezó por calentarse los dedos de mis pies, las piernas, la cintura, el hedor a carne quemada me intoxicaba, simultáneamente me anestesiaba, nada de dolor. Como un brujo en la hoguera pedía perdón a Dios, no por hechicero, sino por amar apasionadamente a la novia de mi padre que tiene mi misma edad. Me voy desapareciendo poco a poco, torso, cuello, cabeza y pelo. Sé que mi padre me mandaría al infierno si descubriera mi secreto, de igual forma ardería en el caldo del pecado. Cuando mi padre entró a mi habitación, el olor era insoportable y yo era ya… simplemente humo.
Pintura del excelente pintor polaco Tomasz Alen Kopera

Impresionante!!
Qué bueno que te haya gustado Cristina, un fuerte abrazo!!!
Siempre me parece asombroso que se pueda expresar un sentimiento tan profundo en tan pocas palabras. Me ha gustado tu microcuento.
Un saludo.
Gracias amiga un fuerte abrazo desde mi isla para vos!
Recibido y agradecida.