Años escuchando leyendas sobre mí y aún no me acostumbro. Tampoco a estar en cautiverio después de ser tan famoso. Mantienen mi ubicación en secreto. Protegido por sistemas de seguridad y personal entrenado en esta mansión.
Todo era perfecto. Hasta que una de mis cuerdas se rompió. Siguió tocando sin importar el estruendo, obligó al director y a los músicos a continuar. Se rompieron dos cuerdas más antes de finalizar la pieza.
Hipnotizado, el violinista Paganini acarició mi única cuerda. Hasta con una sola cuerda siguió tocándome. Desde entonces comenzaron a llamarme obra del diablo.

