
Estoy herido buscando el verdor que tanto extraño. Oigo mis propios pasos mientras diviso la silueta borrosa de un soldado. Me duele el cuerpo. Y me late la cabeza. Me siento mareado, perdido en este campo minado. Camino cabizbajo para que no descubra que soy del ejército enemigo. Recuerdo a mis amigos y al general que siempre me miraban con orgullo por mi valentía. Y ahora, tengo tanto miedo. El soldado con su rifle en mano me observa con atención. Su uniforme está ensangrentado y se ve tan mal como yo.
Se acerca. Nos miramos. Ninguno dice una palabra. Baja el arma y me saluda. Tengo un fuerte dolor en el pecho. Me falta el aire mientras me quita la montura. Es una ironía que me despida del mundo sin mi amo, y para colmo que un enemigo moribundo me acaricie y me dé beber mi último sorbo de agua.
