
Apagas la luz, pero la lógica sigue en nuestros silencios. Recuestas la cabeza en mi costado, esponjando las sábanas que nos protegen. Me fascina tu calor y el fino sudor que transpira tu cuerpo. Entramos a un campo de batalla donde los ángeles y los demonios se enfrentan. Deslizas tus miedos y confiesas tus vergüenzas a la inconsciencia.
Cerramos una puerta y abrimos otra, el mal y el bien mirándonos de frente. Tú, semidesnudo y yo aún vestida de seda. Gritas en mis oídos arqueando el sueño que aún no llega y yo despierta trato de consolarte. Vemos ángeles haciendo guardia en la puerta y ventanas para que el miedo no vuelva.
El cuerpo casi dormido y el alma bien despierta. Oigo tu ritmo cardiaco más lento. «Ríndete, perdona tus pecados, pide que te sane la luz eterna: solo es una sombra momentánea, un aula, un vistazo fugaz a la muerte.» Esta rendición nocturna es una invitación a la resurrección. Anda compañero, confía en mí una noche más. Sabes que soy tu almohada favorita y siempre guardaré tu olor… tu esencia.
