Hoy celebramos las bodas de plata de mis padres. La asistencia fue excelente, los cincuenta y dos invitados disfrutaron del festín. La pregunta era quién de los presentes le tocaba la gran fregada de trastes. La probabilidad que me tocara a mí por ser la mayor de mis hermanos era alta. El Everest de lozas era impresionante.
—Mamá, voy a empezar a limpiar los platos.
—No te preocupes nena, yo me encargo.
—No mami, hoy tú y papi son los homenajeados.
—Hija, ven para que veas. Esta vajilla es desechable.
—¿Desechable?
Puso todos los trates en el fregadero, los regó con un poco de aerosol de un envase amarillo y toda la vajilla en segundos se desintegró.
—Demonios si parecía loza china, mamá. Se evaporaron como espuma. ¡Qué éxito!
—Es lo último para facilitarnos el trabajo doméstico. Tu vida matrimonial futura, hija, será un sueño, con esta innovación.
—¿Un sueño?… eso será posible si se inventan un marido que se autodestruya cuando nos sea infiel o no nos satisfaga sexualmente como pareja.
—Lo siento querida, eso aún no lo han inventado.
