La mayoría de los problemas dependen de la percepción. Para las personas valientes y asertivas los abismos no existen. Las personas pequeñas de espíritu siempre ven los problemas de mayor dimensión y complejidad de lo que son en realidad. Erramos al llamar amigos a cualquier conocido. Tenemos amigos por costumbre, deportes, raza, nacionalidad, preferencias sexuales o políticas, religión, pasatiempos, compañeros de trabajo o porque desde pequeños viven cerca de nosotros o estudian en nuestra escuela o universidad. Hay quienes son tan distintos, pues no comparten valores, principios y filosofía de vida. Sabemos que otros nos mienten, que no aceptan sus errores, muchas veces rayando en la estupidez, poniendo en jaque nuestros niveles de tolerancia y lacerando la dignidad. Es verdad que tenemos que aceptar los verdaderos amigos con sus defectos, pero cuidado si llegan al punto de ponernos al borde de un precipicio. Aunque nuestra nobleza sea más fuerte que la carencia de inteligencia emocional o ignorancia que emana de sus falsos caparazones nos pueden lastimar.
Rodéate de personas nobles y talentosas, que te amen con autenticidad; las sanguijuelas y las pirañas no solamente residen en el mar.

