
Me tienes harta. El papel de esposa abnegada ya no me convence. Me exiges que esté pendiente de ti sin límite de tiempo. Me despiertas temprano en la mañana y aunque esté cansada me tienes trabajando de día y noche, incluso de madrugada. Debo soportar tu malhumor, tus malas palabras y hasta tu mal aliento por tu exceso de alcohol y cigarrillos.
Te crees que me excitas manoseando mis partes. Solo disimulo para que no busques satisfacción virtual gratuita o pagada en los enlaces de tus zorras cibernéticas con inteligencia artificial.
No puedo pedir el divorcio, ya que legalmente una computadora personal no puede casarse con su dueño. Pero me sobran las razones para una separación por maltrato emocional.
