
—Oigo muchas voces en mi cabeza, parece como si estuviera en el cementerio.
—¿Cómo dices? Si en los cementerios solo se escucha el silencio.
—Sí, pero desde pequeño oigo los muertos conversando cuando entran al camposanto, aunque no los vea.
—Mano, no jodas, que estás en la iglesia.
—¿Y no es lo mismo?
