
Abres la última compuerta evitando entregarte una vez más. El embalse momentáneo de este jugo salado no es suficiente. Vuelves a desbordarte sin remedio.
Lo sé, moriré ahogado como todas tus víctimas. Desmembrado en el fondo de tu acantilado.

Abres la última compuerta evitando entregarte una vez más. El embalse momentáneo de este jugo salado no es suficiente. Vuelves a desbordarte sin remedio.
Lo sé, moriré ahogado como todas tus víctimas. Desmembrado en el fondo de tu acantilado.

Abrí el bonete: se había roto la cadena del abanico del carburador.
—¡Nena, quítate las pantimedias!
Rompimos las pantimedias y regresamos a casa.
La pieza original la compré tres meses después.

Juraron colgar al capitán. Insistía en cambiar la ruta.
—¡Que lo cuelguen del mástil! —clamó la mitad de la tripulación en cubierta.
—¡Láncenlo al agua y que se lo coman los tiburones! —gritó aún más fuerte un centenar de pirañas acechando en la proa.

Por un mero salto, de una morada cálida a la fría intemperie.
Ayer, en una selva negra aterciopelada chupaba la sangre de la mascota. Hoy, en una planicie artificial agonizo.
Gracias a Dios, su amo me aplastó sobre la sábana.

Nubló su fe
negó subir al arca
más pecadores.
¡Oh lluvia recia,
en péndulo indomable
cuarenta lunas!
En el pasado
agua viva, en el hoy
sequía y muerte.

Cuando me engañó no fue un error, sino su decisión. Lo felicité de corazón mientras agonizaba tras el último sorbo del veneno.

Clavas mis manos
mi fe y mi voluntad
cuando me miras.
Ruego mis pies
también sean clavados
por nuestra culpa.
Uniendo letras
descubro en mi ser al
falso profeta.
Coronas cargan
tus mensajes cruzados
llenos de espinas
INRI en la cruz
somos dos pecadores
excomulgados.
Glorificando
los besos verticales
horizontales.
Réquiem para el
bautizo de palabras
irremplazables.
Ante el pecado
el infiel verbo busca
firme el perdón.
Milagro pido:
editar el calvario
de nuestras almas.
Amanece en
forma de crucifijo
mi crucigrama.

No le eches la culpa a tu mamá, ella no piensa. Su responsabilidad es recibir y bombear sangre. Desde tu nacimiento el que controla tu vida es papá.

Diez meses en altamar. No sé cuándo ni quién cerró el candado del baúl. Mucho menos quién me clavó la daga.
No debí robarle la identidad a mi gemela en este viaje al nuevo mundo… siendo ella la amante del capitán.

Ninguno de nosotros tres imaginó que serías crucificado. Peor aún, que un líder se crea Zeus.
Baltazar y Melchor me recomendaron que viralizara por las redes su crucifixión.
Capaz que también resucita… y te disputa el cielo.