
—Estoy harta de que me usen como cebo para la venta —exclamó la maniquí vestida de rojo.
—Peor están las del almacén —ripostó su compañera.
—¿Y quién dijo que eso es peor?
—¿Por qué no aprovechamos los reflejos de los autos en la vitrina y salimos a pasear libremente por la calle, como estrellas de cine?
—Perdóname, pero no comparto tu definición de libertad. Quiero una vida normal no cambiar de escaparate —murmuró mientras la empleada le giraba la cabeza para cambiarle el traje, rompiendo inesperadamente una de sus extremidades.
