
Los demás areneros evitan el sol del mediodía, se despiden. Queda un obrero con su perro en la playa vacía. Flota una maleta sobre la desembocadura del río. Intercepta el pesado equipaje. Lo lleva hasta la orilla. Rompe el candado con su pala.
Observa las entrañas de una mujer. El perro ladra y él se cubre la nariz con su pañuelo. Ignora mi sombra mientras abre el broche del collar que lo deslumbra. Sonríe.
Antes de que lo arrojara al río, aprovecho para arrancar un trozo para mis pequeños cuervos.
