Hoy se me ha hecho muy difícil abrir los ojos. Solo puedo ver hacia al frente con el único ojo que tengo al descubierto. El ojo se impacienta, girando para todos lados buscando oxígeno. Me siento otro, es tan extraño, hasta este olor añejo que me sale del cuerpo, no me es familiar. Las articulaciones, músculos, hasta los huesos se resisten a mantenerse erguidos. Camino arrastrando el pie izquierdo y con la mano derecha mantengo el equilibrio como si señalara a la nada. Recorro las calles de Egipto con un dolor en la espalda como si hubiese estado años en cautiverio. Observo detenidamente que impera el silencio, el silencio típico después de una gran fiesta. Me golpea el reflejo de mi figura inclinada en un charco de agua delante de mí. ¡Qué demonios es esto, parezco que estoy disfrazado de momia! ¡Lo único que recuerdo es que era el dueño de todas estas tierras, el rey, el amo y señor, el faraón de Tutankamón!
Prefiero… volverme a dormir.
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