
Premio: “Corazón de Chocolate”
Ricardo, era un escritor retirado de 75 años, cardiaco y viudo. Carlitos su único hijo había muerto en un atentado en una base norteamericana en Kuwait. El anciano esperaba la llegada de su nieto de España la víspera del 25 de diciembre para adornar el árbol de pino que le regalaron sus vecinos, pues estaba sin adornos ni luces. Lamentable que por una tormenta de nieve el vuelo fue cancelado hasta nuevo aviso. Por lo menos, el hombre tenía sus amigos virtuales, ya que sus adorables vecinos fueron a pasar su navidad a Nueva York.
Ricardo se encontraba solo, sin familiares y con un árbol de navidad vacío. La noche del 24, recibió la noticia que el juego/concurso que lo invitó su amiga Rotze a participar en la internet lo había hecho merecedor del premio “Corazón de Chocolate”. El viejo se emocionó y con su bendita imaginación logró sacar un pedazo del delicioso manjar y se lo comió saboreándose la palabra corazón, letra a letra. No entendía la sensación tan extraña que se registraba en su pecho. Era un dolor intenso pero agradable. Al cabo de unos minutos, una arritmia se apoderó de sus pectorales y se encendió la habitación con una luz especial, que lo tranquilizó y pintó una sonrisa de agradecimiento en el rostro. Un tanto seguido, destellos de colores luminosos brotaban desde su corazón hasta el árbol. Era el árbol más hermoso que te puedas imaginar, repleto de corazones de chocolates, que mostraban en sus centros, colores brillantes, luz y música.
Se acercó pausadamente para apreciar la belleza de este milagro y quedó asombrado pues en cada adorno estaban los nombres de todos sus amigos virtuales, entre ellos pudo identificar a Chari, Benjamín, Jesús, Josep, Eduardo, Alberto, Joaquín, Javier, Rubén, Carmen, Lilith, Gaby, Isabel, Mélanie, Malvido, Cristina, María, Roberto, Carla, Felipe, José, Halaman, Victoria, Lorena, Teresa, Leonor, Al, Carlos, Juanjo… Y en la cúspide del árbol había un ángel con el nombre de Rotze y una hermosa Gaviota que entonaba cánticos celestiales con acento español, revoloteando sin descanso.
El anciano se fue quedando dormido entre las alas de sus amigos virtuales, el canto de la gaviota, las luces parpadeantes de los adornos y el exquisito olor a dulce de chocolate que cubría toda la habitación. Ricardo fue sacado bruscamente de este trance espiritual por el ruido del timbre de la puerta principal de su casa. Las lágrimas que soltó el anciano eran de alegría al ver a su nieto con su esposa y bisnietos, lágrimas de felicidad con un olor fuerte, indiscutiblemente a chocolate…
Nota: Este relato es en agradecimiento a Carmen, nuestra amiga Gaviota por este maravilloso juego/concurso literario, entre amigos, gracias a todos los que visitan mi mundo de sueños y un abrazo especial a Rotze por invitarme a participar. Me siento muy honrado y agradecido por este premio. GRACIAS A TODOS Y FELICIDADES, HAY CHOCOLATE PARA TODOS!!!