En el pueblo de las sombrillas azules murió el dictador una tarde de otoño, miles de seguidores fueron al camposanto a rendirle respeto, todos llevaban sus paraguas distintivos, las palabras de la viuda los conmovió, aunque no lo suficiente. Por fin se acabo la monotonía, se rebelaron y dejaron de usar la sombrilla azul. Un pueblo libre no tiene que tener el paraguas abierto 24 horas 7 días a la semana, si no hay miedo a la lluvia, en especial, aquella llovizna refrescante a la que llaman libertad. Tarde o temprano los pueblos se rebelan, y descubren que la libertad como la dignidad no tiene color.
Imagen una pintura sacada de http://publiartesjhon.blogspot.com/









