
Juraron colgar al capitán. Insistía en cambiar la ruta.
—¡Que lo cuelguen del mástil! —clamó la mitad de la tripulación en cubierta.
—¡Láncenlo al agua y que se lo coman los tiburones! —gritó aún más fuerte un centenar de pirañas acechando en la proa.
