Si patético fue conocerte, aún peor, cuando sudas omnipotencia al cometer un error y tienes la valentía de condenarme. Eres consistente, en la iglesia, con los niños, en tu trabajo, con tus amigos y familiares. Te crees perfecto.
Todo está resuelto, acaban de descubrir la cura, una píldora mágica. De ahora en adelante podrás ruborizarte, bajar la vista, hasta la cabeza, sentir confusión mental y calor como todos los seres humanos cuando te equivoques.
Vamos, bébete esta pastilla infalible etiquetada Vergüenza y serás otro. Claro, tendrás que renunciar al escaño en la Legislatura que acabas de ganar con trampa.
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