Microcuento: ¿DESDE CUÁNDO ME ENGAÑAS?

pilonesPongo cuatro dientes de ajos en el pilón. Los muelo y mientras el olor me hechiza, añado tres hojas pequeñas de culantro y cilantrillo, un pimiento verde, ajíes dulces, tomates y una cebolla. Sin intención se me escapan dos lágrimas y caen en el verdoso puré al momento de verter la sal.  No comprendo la razón de la nostalgia, pero en una hora preparé el mejor estofado de pavo.

Nos sentamos a la mesa, los hijos hoy llegan tarde de la universidad, así que casi es una velada romántica, con vino tinto y velas aromáticas. Mi esposo saborea el primer bocado del manjar. Se queda en silencio y con los ojos aguados dos lágrimas le bajan por sus mejillas. Angustiado fija su mirada en mí y pregunta:

—¿Desde cuándo, Sofía, desde cuándo me engañas?

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Microcuento: ALGUNAS VECES EL LUTO SE LLEVA EN LA PIEL

a-cuervos1En un principio los cuervos  eran blancos. Desde la concepción del primer espantapájaros el sentimiento de culpa los consume. En homenaje a este sacrificio incuestionable de estar inanimado perpetuamente, le guardan luto a este simpático forastero por toda la eternidad.

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Microcuento: AMOR IMPOSIBLE

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Se enamoró locamente de un imposible. El deseo pudo más que la cordura. Se dejó llevar por el instinto. La gota de rocío se deslizó por el tallo verde de una rosa hasta asomar parte de su cuerpo transparente con timidez. Lo divisó en el cielo saliendo sonriente entre las nubes, elegante, amarillo. Se miraron de frente y en un beso apasionado la evaporó.

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Cuento corto: DESENTERRANDO MUERTOS, 18 DE JULIO 1936, ESPAÑA

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BENJAMÍN RECACHA GARCÍA – EL VIAJE DE PAU

Su naturaleza es ser optimista y creer en el ser humano. Es un nuevo ícono en España, la pirámide de la vergüenza ajena que muchos la ignoran por temor a represalias de un régimen franquista que aún suelta gases venenosos por la nación. ¿El tiempo sana las heridas? La mayoría del pueblo parece no recordar el dolor de las miles de víctimas que lucharon por el respeto a su libertad y dignidad.

Abre la Caja de Pandora o mejor decir de Bielsa, donde masacraron pueblos completos y como diría Pau en su viaje, los redujeron a escombros y pura ceniza. Él debe cavar bien profundo en la memoria histórica del pueblo, aunque el hedor de la muerte aún fresca le golpee el alma. No se resigna a vivir con un pueblo zombi que se alimenta de muertos que han dejado a su paso estos canallas. No ha necesitado palas para desenterrar a sus muertos, pero las palabras no son suficientes para que descansen en paz. Él necesita que lo acompañes en este viaje, y descubras la verdad. Al final la peste, cuando la conciencia te redima, podrás respirar con entera libertad…

NOTA: Este relato es un humilde homenaje a Benjamín Recacha García, escritor español y un excelente patriota y ser humano. En su obra reciente la novela EL VIAJE DE PAU, te esperan las historias más alucinantes que no dejan de ser tan suyas como nuestras. Te invito a su blog para que sepas más de este escritor talentoso. Entra a http://benjaminrecacha.com/

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Microcuento: MI HIJA SE FUGÓ CON UN MAFIOSO

trianguloSiempre estás rodeado de misterios como una esfinge indescifrable. Es asombroso lo que el enamoramiento puede hacer. Ella ve luces de alta resolución en tu mirada y desgraciadamente haces temblar con descontrol las llanuras interminables de arena blanca en su piel tropical. Las gotas vírgenes de sudor de seguro se secaron con los vientos huracanados de tu sucio aliento. Cuando llegará el momento que dejes de ser el Triángulo de las Bermudas para mi princesa y la regreses al lugar donde la hiciste desaparecer de nuestras vidas.

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Cuento corto: EL TIEMPO Y EL AMOR

tiempoEl maestro de filosofía 101, un solterón de cincuenta años, se detiene en medio del salón mirando su celular e inicia su clase.

—El tiempo no existe, no se puede ver, tocar ni sentir a través de ninguno de nuestros cinco sentidos. Tampoco ocupa espacio. Sin embargo, desde cientos de años antes de Cristo ha sido prioridad para toda la humanidad medirlo. Se han diseñado cientos de mecanismos muy diversos a través de la historia para lograrlo con exactitud : relojes de sol, arena, viento,  agua, péndulo, mecánico, eléctrico, digital, atómico y nuclear. ¿Pero, por qué ustedes piensan que es necesario medir el tiempo?

De inmediato Esteban contesta:

 —En mi opinión porque somos mortales y nuestra existencia no es eterna. Es importante si deseamos completar las metas trazadas debemos tener una referencia para saber cuándo iniciamos la tarea o acción, así también la fecha de cuándo la finalizaremos.

—Pero… ¿quién decidió cuál iba a ser la referencia para empezar a contarlo? Fíjate, el termómetro mide los grados de calor, pero el cero es imaginario, un -20 grados centígrados no significa ausencia absoluta de calor. Pasa lo mismo con el tiempo, es una mera decisión que tomó alguien y hemos comprado la idea sin titubeos. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido buscar la forma de medir el amor con seriedad. El amor comparte las mismas dificultades de medición que el tiempo —riposta el maestro con fuerza.

—No comparto su opinión mi distinguido maestro. El amor existe, ocupa espacio y lo puedo sentir a través de cualquiera de mis sentidos, cuando toco a mi amante, cuando huelo una flor, cuando escucho música, cuando saboreo una rica fruta o manjar y cuando veo todas las mañanas el hermoso paisaje de mi tierra. No veo la necesidad de medir el amor, sino sentirlo.

El maestro lo mira apenado y le responde con sarcasmo:

—Esteban, no me contestaste la pregunta. Realmente no puedo con los románticos, mi adorado estudiante.

—Con todo respeto profe, yo tampoco puedo con alguien que obviamente le teme a ser amado y que sabe que el cero en la escala para medir el amor es absolutamente real.

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Microcuento: AMOR ILIMITADO

A-ORGANOSEstoy dispuesto a ser un donante vivo para ti de un riñón,  parte del hígado, un pulmón, una sección del intestino, una porción de mi médula ósea, tejido ocular.  Tú me dices para hacer el compromiso contractual. Si muero soy todo tuyo, hasta el páncreas.

Es más, si necesitas el corazón, estando vivo, no hay problema. Prefiero vivir dentro de ti, a perder tu compañía para siempre.

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Cuento: EL FANTASMA DE MARIO

angel%20%20%20fondoNo despego la mirada detrás del gracioso caminar de esta mujer que transita frente a mí. Es una moza con un cuerpo de modelo y con su bata blanca ceñida a la cintura. Sus zapatos de taco alto, pero finito le dan un aire de muñeca Barbie. Con mucha insistencia mete su pie derecho hacia adentro, dándole una apariencia de cojera. Aunque tuerce su extremidad, lo hace con un ritmo delicado, marchando con gracia por el ancho pasillo de la Sala de Emergencia. Trato de seguirle el paso pero no la logro alcanzar. Por fin, cambiamos de rumbo, dobla hacia el área de los ciegos y yo en sentido contrario entro al área del nursing home. No sin antes darle el último vistazo a la espectacular figura de la residente.

—Es el cuarto 2331, aquí a mano izquierda —dice mi novia, dándome cuenta que no andaba solo.

Madeleine entra y descubre a su padre semidesnudo. El pobre viejo no se puede mover ni un céntimo pero es muy ágil para quitarse la parte superior del pijama cuando tiene picor. Ella está muy preocupada de traer a su progenitor a estas vacaciones compulsorias, aunque sea para un leve reposo de su madre. Mi suegra es asmática, cardiaca, diabética y padece de artritis severa. Por su parte, Madeleine es una mujer de 51 años, hija única, viuda, apenas tres meses y medio del fatal accidente. Trabaja como ejecutiva en una tienda por departamentos muy famosa en Barceloneta. Vive sola. Bueno, casi sola, de vez en cuando pernocto en su habitación.

Mientras ella atiende a Don Manolo, me quedo tranquilo en la butaca del visitante. Desde mi rincón observo al paciente del cuarto del lado. Es un hombre fornido, ojos claros y tez muy blanca. Su mirada se pierde hasta que se encuentra conmigo. Me observa sorprendido. Al parecer no le gusta mucho mi apariencia de forastero. O quizás es mi vestimenta poco tradicional que lo trastorna, sobre todo mi chillón lazo amarillo que me fascina. Hay un enfermero colocándole un suero. Mientras una joven bastante sobrepeso le trae el almuerzo. En la entrada del pasillo de la sección Amapola, hay un grupo de enfermeras y trabajadores en una acalorada tertulia. Coloquio circunscrito más a señales y claves que a palabras. Me imagino que es política del hospicio, así los visitantes no nos enteramos de los secretos y chismes que se divulgan por esta comunidad hospitalaria.

Madeleine me hala del brazo y se mueve por el pasillo que la lleva directo a la Sala de Espera a tomar un descanso. El piso es espectacular simulando madera. Se conserva bruñido, impecable. Hay dos conserjes limpiando las superficies de linóleo, el más joven está restregando una manchita de pintura que uno de los obreros dejo caer por descuido. Al fondo una pared azul con una pecera. Al otro extremo del corredor una jaula gigantesca con tres pájaros. ¡Un equilibrio mágico! Esta armonía se malogra con el cacofónico ruido de un perico amarillo que no cesaba de molestar.

En el medio de la sala hay dos veteranos postrados en sus sillas de ruedas, bastantes maltrechos. El que se encontraba exactamente debajo de la lámpara de techo, estaba arropado hasta el cuello con una sábana blanca de algodón. ¡Con doce pulgadas más y le cubren hasta la cabeza como a un mismísimo muerto! Su cuerpo permanecía inclinado en formación fetal. Su rostro estaba casi en coma. Se reflejaba una tristeza en sus ojos que contagiaba con tan solo observarlo por curiosidad. ¿Qué estará pensando? ¿En la guerra,… en sus seres queridos? Se ve tan vacio que prefiero cambiar la vista al otro ex soldado. Más o menos igual de solitario. Este se ve más enfermo, pero creo está más en el mundo de los vivos. Este pensionado tiene conectado oxígeno y sonda, además tose en demasía. Tampoco tiene piernas. Definitivamente las miserias y el dolor son relativas. Madeleine al comparar a su tata con estos dos militares moribundos se percata de lo bienaventurados que somos. En la parte trasera estaba sentado este joven veterano con trencitas hasta la espalda susurrando la melodía de la película Titanic, que disfrutaba junto a su hija.

Se acabó la tranquilidad, llegó Don Juan Adorno, el primo de Madeleine, mi rival. Desde pequeños sus padres querían casarlos. Pero el muy listo, se casó con otra y tuvo a mi Madeleine de querida por más de una década. Hasta que llegué yo. Este gavilán jamás me lo perdonó. Hace dos años que su esposa falleció, los mismos que lleva tratando de reconquistarla.

—Hola querida, ¿Cómo está el viejo?

—Como siempre un poco ido pero contento. Molesto porque no desea hacer sus necesidades en el pañal, prefiere que lo escolten al inodoro. Pero cada día es más difícil ya que sus huesos pesan demasiado, y sus piernas no le responden desde hace meses.

Aunque Madeleine no se me despega, él le echa el brazo por el otro lado que tiene libre y nos acompaña de vuelta al cuarto. Esta situación es tan embarazosa, aún más incómoda que cambiar al suegro después de una de sus gracias. No sé cuanto pueda tolerar este triángulo amoroso, pero estoy a punto de explotar. Me revienta que se haga el noble, el erudito, el hombre de valores y exitoso en los negocios. Siempre tan hipócrita. ¿Por qué ella no se da cuenta de lo falso que es este canalla? ¿Qué la mantiene aún con esperanzas de que la ame algún día? Es un billete de lotería sin premio, creando un sinfín de sueños, pero al final ni reintegro. Es un seductor, con el talento indescriptible del canto de las sirenas. ¡Cuánto la ha hecho sufrir!  Si pudiera hablar con libertad le exigiría mis derechos, y la haría entrar en razón.

—Hola Manolo cómo estás hoy, me imagino que enamorando a las enfermeras   —decía el picaflor mientras llegaba al lado de mi suegro.

—Ya yo ni fu ni fa  —repitiendo la frase dos veces con dificultad. —La nena siempre me cuida y eso me basta. Ella es mi ángel de la guarda.

—Mira Manolo, yo creo que ella quiere más a ese peluche que le regaló el muerto cuando se comprometieron para casarse. Fíjate que no lo suelta desde que se fue de este mundo —añadía ese tonto celoso, clavando su mirada en mí sin interrupción.

—Permíteme aclararte algo Juan, no me fastidies más y basta ya de acosarme. Sabrás que este payasito es mi compañía desde la muerte de Mario y es el colmo que ahora también me celas de un muñeco —le ripostaba mientras me apretujaba con todas sus fuerzas, además de darme un beso en mi redonda y roja nariz. Ella lo miró en la distancia y Juan se quedó malhumorado, en silencio.

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Microcuento: ¿COSAS DE NIÑOS?

PhotoFunia-bcf2e1La odio. Cuando coge mis muñecas sin permiso, la detesto. La inocente niñita de cuatro años siempre convence a mamá de que tiene la razón. He pensado golpearla, sacarle los ojos, o más sencillo romper la estatuilla de Lladró favorita de papá y culparla, así se llevará el castigo que se merece. Está poseída por el diablo. Y para colmo somos gemelas. ¿A quién se le ocurrió meternos en la barriga de mami a la vez? Como diría abuelita, creo que fue un error de papá. Lo debió haber pensado mejor y pagar dos cigüeñas, aunque al final, fuera más costoso.

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Cuento corto: VIDA DE PERRO

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dogo argentino, ilustración sacada de la Internet

La reja que lo separa del rocío y la vegetación tiene doce barrotes. Los cuenta todos los días sin interrupción para evitar enloquecer en el monasterio. Medita con el Creador en puro éxtasis confundiendo los barrotes con liras o con chorros simétricos de lluvia. No sé por qué esta allí, si entró por voluntad o por seducción. Después de seis meses de tortura pienso que está arrepentido. Y su fe permanece abatida ante la interminable noche oscura.

¿Por qué no son efectivas sus plegarias? ¿Es honesto? ¿O es que al fin y al cabo este Ser Supremo no entiende sus ladridos? Es cierto, no debe quejarse, tiene suficiente agua y comida en esa mazmorra. La poca iluminación y la planta física del lugar son miserables. El olor a basura inunda sus fosas nasales, resaltando algunas huellas de sangre en varias losetas…

Ya es sábado de madrugada. Por fin termino mi guardia en el hospital, comparto con mis colegas e inundo mi cabeza con una sobredosis caliente de tequilas. Llego al vecindario. Capitán, el perro del vecino, luce triste, debe ser que padece de la misma enfermedad que mi hermano el sacerdote: claustrofobia. Roberto vive igual de angustiado que este perro desde su entrada a la hermandad religiosa.

El perro no deja de ladrar y cientos de movimientos involuntarios lo hacen temblar como un desquiciado. No hay otra, si yo fuera su dueño, no se pasaría encerrado en esa cárcel a domicilio. Esclavizado en contra de su naturaleza, eternamente amarrado. Es un dogo, el mejor perro de caza del mundo, y le han puesto una sotana con todo y rosario para confundirlo. Vive encerrado veinticuatro horas, siete días a la semana,  ¿y cómo mis vecinos lo compraron para ser la mascota de su hijo? Permanece detenido en un balcón enrejado, repleto de escombros sin suficiente espacio para respirar. Lo abandonan por todo un fin de semana, y lo rescatan los lunes en la noche, apestoso, casi moribundo de pelear con su propio rabo. ¡Vida de Perro! No podía estar más acertado este estribillo coloquial.

Mi abuela siempre decía: “El hábito no hace al monje”. Por más que lo quieran disfrazar de fraile sus poderosas mandíbulas son dignas de temer. Es inverosímil lo que estoy viendo, no sé si son los tragos de tequila los que están perturbando mi cerebro. Capitán decide beberse a falta de vino, el aceite de carro viejo dejado al descubierto por semanas. También se come los cartones de las cajas de archivos desechadas por sus dueños. ¡Tremenda parrillada argentina! La Última Cena del siglo, con sus doce apóstoles como sus inseparables custodios, y sin un Cristo para absolverlo. Yo permanezco borracho entre los arbustos que no me dejan mover los pies. Las pupilas de Capitán se achican y sus párpados se cierran con nostalgia. Pierde el sentido ante la entrada voluntaria del elixir venenoso por sus venas.

Ojalá que esto solamente sea una alucinación causada por mi borrachera.

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